jueves, 5 de enero de 2012

No es una historia de amor

Esta es la historia de una chica que se casó con un chico, qué importa cuales fueran sus nombres.
La joven nunca pensó que la relación pudiera llegar a tanto.
Ella no tenía intenciones de salir con él, era el tipo de chica que no se ata a ninguna persona ni a ningún lugar, y si había algún hombre en su vida, entraba tan rápido como salía, sin quererle regalar su corazón a nadie. Dueña de sí misma, y aunque la gente decía que no era capaz de poner en orden su vida, ella era probablemente la persona que más podía controlarla, hasta tal punto que podría decirse que era la vida la que tenía que ajustarse a ella.
La historia es que aquel espíritu libre indomable conoció a una persona que no albergaba tanta aspiración por sus propios actos ni vivía al antojo de sus pensamientos, pero aún así, se enamoró de ella. La chica pensó que aunque él pudiera resultar herido sentimentalmente, pasaría la noche con él hasta que los primeros rayos de sol se asomaran para huir con sigilo de la cama donde él yacía todavía perdido en sus sueños, y no volver a verlo jamás. Así seguiría con su particular estilo de vida. El problema fue que cuando llegó el momento, él ya se encontraba despierto, lo cual dejaba imposible realizar su maravilloso plan de huida. Lo pospuso para otra ocasión.
Pero el tiempo pasó, y se veía involucrada en una relación. Pensó que sería una experiencia que podría vivir antes de morir (esa solía ser su filosofía para todo). Al cabo del tiempo, un día como otro cualquiera del calendario, ocurrió en la noche menos pensada, en la que ni su intuición si quiera pudo avisarla de lo que se avecinaba, ni en la espiral que estaba a punto de meterse...
Él le propuso matrimonio.
Su cabeza gritaba no, pero contradictoriamente sus labios suspiraron un sí. Supongo que dijo aquella palabra tan estúpida porque entre ellos, sin intención de ella, se había creado un vínculo, del que no podía evitar sentirse culpable si lo rompía. Esas cosas antes no le importaban, eran como una diminuta mota de polvo que se encuentra flotando en una galaxia, pero él la había hecho más humana en ese sentido. Así que digamos que él se llevó un ''sí'' por compasión. A ella no le gustaba él, no tenía nada que la agradara, ni un breve ápice en su ser que la hiciera permanecer a su lado, pero para su desgracia, él estaba enamorado ciegamente.
Ella intentó que no cundiera el pánico. Por alguna razón pensaba que seguía teniendo las riendas de su vida, cuando en verdad, metafóricamente hablando, lo único que sujetaba en sus manos era escurridizo y engañoso humo. Pensó que si no era feliz con aquel que era su marido, como espíritu libre que era, podía esperar la llegada de otro hombre, veía muchos entrar en su casa ya que él era masajista y atendía allí a sus clientes. Ella esperó y esperó. Pero no se presentó ninguna oportunidad, así como ningún hombre ficticio que anhelaba que apareciera para sacarla de la monotonía destructora de su, ahora, aburrida y atada vida.
Sus ganas por huir de aquella prisión la consumía, paro ella era el único apoyo de su marido, y ahora que estaban casados si que no podía abandonarlo con los primeros rayos de sol, como aquella mañana en la que su destino estaba marcado sin ella saberlo.
Llegados a este punto no puedo evitar hacerme una cuántas preguntas: ¿Qué hubiera pasado si se hubiera escapado desde un principio? ¿O si simplemente hubiera negado la petición de matrimonio? Si ella no estaba enamorada de él ¿acaso existe alguna respuesta razonable por la que ella acepto seguir a su lado? ¿Es que estaba escrito que sucedieran así el desarrollo de sus días? ¿O sólo fue culpa de aquel chico, quien sin saberlo, la privó de sus sueños? De sus idas y venidas de lugares que anhelara visitar con ella como única acompañante de viaje así como en sus días de gloria... ¿Podría decirse que él encarriló su vida al atarla a una sola ciudad, una sola casa, una sola persona y por tanto, una sola cama?
Pensad lo que queráis, solo sé que no es una historia de amor.

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