Siente el viento en tu cara, azotes de
aire que enreda tus cabellos, secando las lágrimas de tu rostro y
haciendo cerrar tus ojos. Deja escapar un grito y que él lo impele.
De los que sólo puedes hacer emerger
de tu garganta cuando estás sola y tu corazón late despavorido,
aprietas los dientes intentando contenerlo. Entonces, ocurre, no hay
nadie alrededor que pueda escuchar tu alarido.
Puede ser un llamamiento a la libertad,
una declaración de amor, o simplemente una exclamación de rabia
contenida por los años pasados ante tus ojos y las marcas que
dejaron en tu piel...
Sea lo que sea que grites, el viento se
lo llevará, así como se lleva las livianas nubes alzadas sobre tu
cabeza.
Cierto que no puede arrastrar tus
sentimientos, ni tus recuerdos, tampoco solucionar tus problemas, eso
es algo que debes hacer hacer por ti misma.
Pero puedes gritar al borde de un
desfiladero, como si bajo tus pies hubiera un público esperando,
expectante, que rompas tu silencio, aunque sólo te escuchará el
viento.
Cuando lo hagas, dime como te sientes,
porque yo todavía no he podido liberarme.

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